Para Global Mechanical y Baja Design, la protección contra incendios no se limita a calcular hidráulica, trazar redes de rociadores o diseñar planos mecánicos. Cada proyecto tiene un propósito trascendente: salvar vidas. Sin embargo, hay una variable que casi nunca aparece en los protocolos ni en los manuales, y que pocos se atreven a nombrar: el factor de la naturaleza humana.
Detrás de cada diseño existe un equipo de mentes individuales y únicas, cuyas decisiones están influenciadas por creencias, deseos y necesidades primitivas. Eso nos hace susceptibles a caer en los famosos atajos mentales conocidos como sesgos cognitivos (Kahneman, 2011).
Cada segundo, nuestros sentidos reciben 11 millones de bits de información, pero la mente consciente apenas procesa 50 (Froufe, Sierra y Ruiz, 2009). Qué sensacional sería convertirse en el personaje de Bradley Cooper en la película Sin límites, quien ingiere una sustancia que le permite procesar todos esos millones de bits sin errores ni restricciones. En la realidad, pretender que un proyectista se mantenga alerta y con precisión perpetua de esa manera es biológicamente insostenible.
Los sesgos aparecen cuando la mente opera en piloto automático, en lo que Daniel Kahneman llama el Sistema 1: veloz, intuitivo, confiado. Muy diferente al Sistema 2, analítico y racional (Kahneman, 2011). El ser humano está programado para conservar energía, y la forma más eficiente de lograrlo es tomar la mayoría de las decisiones cotidianas a través del Sistema 1.
Aquí expongo algunos sesgos que podrían acechar a cualquier proyectista:
1. Sesgo de confirmación
Imagina que se abre un proyecto nuevo. El cliente dice: «Es un almacén de producto terminado, dos niveles, estructura metálica.» El cerebro del proyectista, probablemente en menos de un segundo, ya tiene una imagen formada. Ya «sabe» cómo es. Ya está tomando como patrón de referencia los últimos cinco almacenes que diseñó. Y sin darse cuenta, dejó de leer con atención.
Eso es el sesgo de confirmación: la tendencia del cerebro a buscar, interpretar y recordar información de manera que confirme lo que ya cree. No es pereza ni mala intención. Es el Sistema 1 haciendo su trabajo: ahorrar energía usando patrones conocidos en lugar de analizar desde cero.
El problema no es que el cerebro use patrones. El problema es que los usa incluso cuando el caso es distinto.
Decirle a alguien «cuidado con tu sesgo de confirmación» no sirve de casi nada. Lo que sí funciona es crear fricción deliberada: hacerse preguntas en sentido contrario antes de firmar o pedir que alguien ajeno revise el proyecto sin contexto previo, no para encontrar errores obvios, sino para ver lo que los ojos del diseñador ya dejaron de ver. Como admitía Murphy: «Si algo puede salir mal, saldrá mal.»
2. Exceso de confianza
¿Te suena Maverick en Top Gun? Brillante y experimentado. Y precisamente por eso, el más propenso a saltarse las reglas porque confía ciegamente en su instinto. En el mundo del diseño no se vuelan cazas, pero el patrón es el mismo. La diferencia es que aquí la responsabilidad también es enorme, porque cada decisión de diseño puede estar directamente ligada a la seguridad, la vida de las personas y la perpetuidad de los patrimonios.
Para un proyectista, este sesgo podría traducirse en no verificar un cálculo porque «ya lo hice mil veces y tengo certificaciones que lo avalan», o en no pedir el plano actualizado porque «me conozco este edificio de memoria». La confianza en uno mismo es uno de los activos más valiosos de un profesional. El problema no es tenerla. El problema es no saber cuándo ponerle un límite.
Vale la pena hacerse la pregunta incómoda antes de firmar: ¿revisé esto porque realmente lo revisé, o porque confío ciegamente en que está bien.
3. Sesgo de disponibilidad
Las decisiones no siempre se sustentan en información objetiva, sino en lo que la mente recupera con mayor inmediatez. Cuando un proyectista orienta sus decisiones a partir de ausencia de situaciones adversas, tiende a minimizar riesgos que en realidad existen.
Un proyectista que nunca ha enfrentado la falla de un sistema en un edificio de características similares puede concluir que la probabilidad de que ocurra es baja, y por tanto dejar de interrogar ciertos supuestos del diseño. En ese escenario, la valoración del riesgo no proviene de evidencia estadística ni de un análisis probabilístic sino en la facilidad con la que el profesional recuerda o no recuerda eventos similares. La experiencia propia termina funcionando como marco de referencia principal
Qué se puede hacer para no caer en este sesgo: Contrastar siempre la experiencia propia con datos reales, buscar activamente escenarios que no se han vivido y someter los supuestos del diseño a revisión externa. La pregunta clave no es «¿yo he visto que esto falle?» sino «¿qué dice la evidencia sobre la probabilidad de que falle?»
Conclusión
La NFPA, los softwares de cálculo y los protocolos de revisión son bases esenciales los proyectistas que salvan vidas. Sin embargo, no son suficientes si una decisión crítica se toma en piloto automático: cuando la mente cree que ya entendió el problema, sobreestima su experiencia o no reconoce sus propios límites.
El factor humano no es una debilidad que deba ignorarse. Es una variable real que puede gestionarse. Cuando un equipo la reconoce e integra a su cultura de trabajo esos sesgos ya documentados, se convierte en una de las formas más avanzadas de control de calidad.
Psic. Maryel Figueroa
Referencias
Kahneman, D. (2011). Pensar rapico y despacio. Recuperado de: https://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2019/01/doctrina47315.pdf
Froufe, M., Sierra, B., & Ruiz, M. A. (2009). El inconsciente cognitivo en la psicología científica del siglo XXI. Recuperado de https://www.researchgate.net/profile/Benjamin-Diez/publication/239541003_El_’Inconsciente_Cognitivo’_en_la_psicologia_cientifica_del_S_XXI/links/5b30ac01aca2720785e3d2c6/El-Inconsciente-Cognitivo-en-la-psicologia-cientifica-del-S-XXI.pdf
